Censurando la era de la discrepancia.

“La Era de la Discrepancia” es una revisión histórica del arte mexicano a partir de los años sesentas hasta finales de los noventas. Es decir el el arte y los movimientos artísticos que surgen a partir del movimiento estudiantil de 1968 hasta el surgimiento de la insurrección zapatista. Los curadores de esta ambiciosa empresa son Olivier Debroise y Cuauhtemoc Medina. La exposición se presenta en el Museo Universitario de Ciencias y Artes de la UNAM en la ciudad de México.
Con todos sus problemas, limitaciones, erratas y omiciones la exposición y el inmenso catálogo que la acompaña logran rescatar del olvido una serie de obras y experiencias. En este sentido la exposición es un testimonio importante de un periodo de transición entre el arte de una escuela mexicana apoyado por el estado y la relativa integración de un arte mas internacional a un circuito global. Este periodo es virtualmente desconocido fuera de México y a nivel local muchas veces olvidado.
Por otro lado esta era una oportunidad para hacer una crítica y un análisis local de lo que Europa y Estados Unidos han querido entender como nuevo arte “mexicano”. Esto lamentablemente no sucedió del todo. La última parte de la exposición acaba resultando muy similar a lo que se ha visto en exposiciones de arte mexicano contemporaneo en Berlin, Londres, Boston o San Diego con versiones diferentes en el catálogo y en el museo. De manera esquizofrénica un grupo de artistas ausentes en la exposición resultan representados de manera desproporcionada en el catálogo y en algunos casos a través de textos escritos por ellos mismos. ¿A que se debe esta anomalía?. Como artista incluido en la exposición es aquí que me veo forzado a opinar mas que a reseñar una exhibición en la que participo. Algunos artistas temerosos a como iban a ser representados decidieron boicotear la exposición. Gabriel Orozco lider y padrino del grupo incluso amenazó a los curadores de demandarlos con su sola mención. Los artistas desde luego tienen la prerrogativa de negarse a participar en exposiciones que no les interesen o de decir lo que quieran pero otra cosa es chantajear a críticos y/o curadores para prohibirles que decir u opinar. Dificilmente se me ocurre algo mas horrible por parte de un artista que limitar la libertad de expresión de otros. Sobre todo cuando estos artistas han publicado sus muy particulares versiones de la historia donde se festejan mutuamente. Un ejemplo es el texto “Tratado de Libre Comer” de Abraham Cruz Villegas para la exposición en Montreal “Moi et ma Circonstance”. La crítica que hace de posmodernismos y neomexicanismos se puede leer hasta autodestructiva si tomamos en cuenta su mejor obra y su relación con México. Por alinearse a un grupo determinado olvida el aspecto crítico y pop de su trabajo y como fue que expuso por primera vez. Lo mismo se podría decir de Damián Ortega. Pero la historia no es maniquea y por mas que nos duela a todos, nuestro pasado es mas común de lo que quisieramos. Prueba de esto es la primera exposición de ellos y también de Vicente Razo, Carlos Amorales y los hermanos Quiñones llamada “Juventud, Divino Tesoro”. Esta exposición la negocié con Cecilia Montante que quería homenajear a mi madre fallecida quién fue su psicoanalista. Este boicot ha sido tan efectivo para distraer y llamar la atención como las provocaciones de Hugo Sanchez a Lavolpe. Nos vemos forzados a hablar de esto en vez de revalorar a Melquiades Herrera, Proceso Pentágono o a la gráfica del 68. La selección ha quedado dividida y ahora Hugo es víctima de las consecuencias. ¿Sucederá lo mismo con los artistas?. Los incluidos en la exposición se sienten menos valorados que los que se negaron a estar en esta y ni hablar de los omitidos.
La exposición empieza con el Salón Independiente y con un arte que intentó responder a las prácticas autoritarias y antidemocráticas del gobierno. Que conclusión mas triste que ahora sean ciertos artistas los que abusen de su poder y que haya quién se los permita. “¡Viva la discrepancia!” como proclamó el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, a poco más de un año de la matanza de Tlatelolco, no la censura.
Labels: arte, Ciudad de México, La Era de la Discrepancia


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