La Hija del Santo.

“La Hija del Santo,” Lourdes Grobet, Turner Publicaciones, Madrid, 2005, pp. 43-51.
Los años sesentas y setentas, el movimiento estudiantil y como consecuencia de esto el feminismo y el arte colectivo de los grupos determinarían la obra de Lourdes y viceversa. La búsqueda de un arte cuya finalidad y reconocimiento no estuviera sometido a intereses comerciales y/u oficiales en este caso no fue un capricho idealista pasajero. Tampoco lo fueron la experiencia del trabajo colectivo y la colaboración que colocaron a esta artista dentro del proceso cultural que finalmente es comunitario.
La especialización moderna generó un lenguaje fotográfico "independiente" que hizo de la calidad fotográfica, el registro realista y el momento decisivo fetichismos que se volvieron fines en si mismos. Por otro lado la crisis de la pintura con su muerte anunciada abrió el camino para que los artistas exploraran nuevos medios, tecnologías y formatos multudisciplinarios. La aceptación de la fotografía como arte en sus propios términos y su liberación del pictorialismo resultó en el aislamiento y el sectarismo de gran parte de los fotógrafos hacia el arte en general. Por otro lado tenemos artistas que se abocan a la práctica fotográfica sin el entendimiento de su historia y su práctica particular. En ese sentido Lourdes ha sido una pionera de la búsqueda de ese eslabón perdido que es el vínculo de la experiencia artística y la práctica fotográfica. Su trabajo ha sido un experimento constante y como tal ha generado todo tipo de resultados. Va mas allá de una exploración meramente conceptual y se desborda de cualquier tipo de rigor purista (ya sea fotográfico, conceptual, documental, etc.). Este aglutina preocupaciones personales, de género, de identidad, políticas, sociales, culturales y fórmales sin abanderar ninguna posición dogmática. Esta experiencia fotográfica ha funcionado como un proceso inductivo para entender o vivir la realidad (o realidades) y no para ilustrar ciertas ideas preconcebidas. Ella no teme utilizar diferentes lenguajes a su alcance (a veces contradictorios) para hablar de su experiencia y su posición particular sacrificando el purismo formal. A su manera, Lourdes logra utilizar la fotografía para vincularse, vincularnos y actuar en la dificil realidad mexicana.
Tratando de no agobiar al posible lector voy a analizar algunos cuerpos de trabajo en la obra de Lourdes que me han dejado pensando desde que los vi. Es porque estos me han obsesionado mas que otros que los he seleccionado. Desde luego su empresa es mucho mas extensa e incluye desde sus primeros experimentos psicodélicos hasta los últimos (que siguen teniendo algo de esto). Ha engrapado algunas fronteras y transgredido otras. Ha hecho paisajes y fotos de paisajes y alterado los paisajes y vuelto a retratarlos. Inclusive ha hecho teatro que no me ha tocado ver y del cuál no sabría como escribir. Con decir que mientras producía todo esto ha criado hijos de cuyo trabajo también se podrían escribir otros ensayos.
Haciendo la lucha.
Me cuesta trabajo distinguir entre la historia de la lucha libre en México y las fotografías de la lucha de Lourdes Grobet. Mi primer acercamiento al mundo de las luchas fue a partir de ellas. Antes que Cameron Jamie, Jeffrey Vallance, Ralph Rugoff, Mike Kelley, Vicente Razo, Carlos Amorales, el Doctor Lakra e infinidad de otros artistas jóvenes y no tan jóvenes descubrieran la lucha libre (en su mas sofisticada variedad que es la mexicana) existieron las fotos de Lourdes. Si bien es cierto que estas no aparecieron de la nada y que les preceden artículos de Roland Barthes y hasta pinturas de Picasso, la verdad es que no hay un cuerpo de trabajo tan exhaustivo ni tan influyente sobre el tema como este mismo. Este material es tan rico y variado como el mismo tema que representa y cubre casi todas las posibilidades fotográficas. Lourdes ha explorado desde el fotoperiodismo hasta la fotonovela y la fotografía construida a colores. La lucha libre es de hecho un lenguaje y una representación, por lo tanto la objetividad realista de la documentación fotográfica está siempre sometida a las convenciones superheroicas establecidas de antemano y por lo tanto es siempre mitológica. Recuerdo una imagen de una luchadora enmascarada amamantando a su hijo que nos demuestra que el espacio privado es siempre público y de representación cuando este es fotografiado. Pareciera ser que la mera presencia de la cámara altera el resultado objetivo del registro como demostración del principio de la incertidumbre de Heisenberg.
Del fotoperiodismo y la fotografia deportiva pasamos a las fotos construidas (o diríamos mas construidas) como los restos de lo que iba a ser una fotonovela producida por los mismos luchadores. Paradójicamente estas imágenes llaman la atención por lo realista de las mismas. Las recuerdo como stills de algo que pareciera una película de acción revuelta con telenovela tomados en crudas locaciones lejos del glamour hollywoodesco. Estas son enigmas de una narrativa ausente que llenamos con nuestro deseo e imaginación. Otras fotografias también "deliberadamente" posadas serían los retratos ultrabarrocos a color en formato mediano tomadas en las salas de las casas de los mismos luchadores. El abigarramiento estético conciente y balanceado de muebles y artesanías que imitan antigüedades europeas podrá ser considerado kitsch pero sería injusto y equivocado llamarlo mal gusto. Es tan bueno como la intenciones de los técnicos y las mañas de los rudos. En este caso mas que recurrir a las estéticas y las experimentaciones de la vanguardia Grobet utiliza composiciones perfectamente equilibradas y un lenguaje que resulta en imágenes tan clásicas en todos los sentidos como lo son los verdaderos heroes.
Pintando Paisajes (entre José Maria Velasco y los Sex Pistols).
¿Quién se imaginaría que podría existir una relación entre el paisajismo mexicano y el punk?. Mientras estudiaba en Inglaterra en 1977 (el mismísimo año de la rebelión punk), Lourdes Grobet se interesó por la fotografía a color, el cibachrome y el paisaje. Aburrida al igual que Johnny Rotten de un "pais sin colores", optó por salir con sus hijos a pintar piedras en el campo que después documentaría fotografiándolas. En este caso el paisaje pintado no sería la representación de un paisaje sino el mismo paisaje intervenido como una representación de otra cosa. Esta vista definitivamente diferente al salvaje oeste americano (finalmente dominado e industrializado también) merecería en ojos de la artista un tratamiento diferente al realismo romántico y obsesivo de Ansel Adams y de la escuela F64. Sin embargo el "earthwork" (¿arte ambiental?) de Lourdes Grobet recibió otro tipo de atención que las esculturas de Robert Smithson. En este caso la artista fue denunciada a la policia y casi internada en un hospital siquiátrico. Los vecinos interactuaron con la obra y pintaron grafitti sobre las piedras. Lourdes documentó también estas acciones y amplió su portafolio.
Finalmente sus maestros de fotografía entre pleitos y discusiones la reprobaron. Al intervenir abiertamente el sujeto a fotografíar Lourdes rompía con el dogma y la suposición falsa de la fotografía como un espacio seguro e inofensivo del registro distante y objetivo. Sus maestros no aceptaron un proyecto que trascendía a la fotografía misma y que funcionaba también como pintura y como escultura ambiental. La alteración permanente y de colores fuertes irrumpía las románticas convenciones pastorales de la campiña inglesa causando furor. "God save the queen, she ain't a human being, and there is no future and England is screaming!" dijo Juanito el Podrido.
Posteriormente en los años ochentas John Divola realizaría una serie de paisajes "pintados" también. Sin embargo utilizó flashes con filtros de colores para pintar el paisaje de manera temporal y detener diferentes acciones en las imágenes. De esta manera lograría realizar sus fotografías sin dejar rastro en el campo y pasar desapercibido ante los activistas que protegen el medio ambiente. Por lo tanto este proyecto se limitaría al registro fotográfico y evitaría el conflicto y el proceso social de Lourdes.
El teatro campesino (el indígena como sujeto que representa y no como objeto a representar).
La documentación del "México profundo" es decir del México indígena ha sido una de las preocupaciones y obsesiones de la fotografía mexicana. Los primeros fotógrafos estadounidenses documentaron el oeste norteamericano a fines del siglo XIX afanados en registrar y preservar (al menos en sus daguerrotipos) un paisaje y una población mientras estos iban siendo diezmados bajo las premisas del "destino manifiesto" y la modernización. Involuntariamente este mismo proceso de representación iba modificando esta realidad indígena que se buscaba pura y que en algunos casos los mismos fotografos distorsionaban tratando de apegarse a las convenciones que ellos consideraban fieles. Edward S. Curtiss en mas de una ocasión vistió a algún jefe con algún penacho mas vistoso de otra tribu y así pues se creo la imagen mitológica y hollywoodesca de indios de las grandes planicies paseando por desiertos que no les correspondían.
En México la representación fotográfica de los pueblos indígenas no ha tenido la misma urgencia pero tampoco han estado ellos al cargo de la misma. Si bien es cierto que a partir de la independencia y la revolución mexicana el pasado y el presente indígena ocupan un lugar esencial en la construcción de la "mexicanidad", este ha sido mas bien simbólico y no menos distorsionado. Finalmente el indígena no solo ha perdido tierras y riquezas sino hasta su propia representación en manos de un discurso oficial generalmente mestizo si no criollo. Pareciera ser que hasta muy recientemente esto está empezando a cambiar. Ante esta situación Lourdes optó por relacionarse con un grupo de actores indígenas y contribuir como fotógrafa. En esta particular colaboración ella se relaciona y se identifica con estos actores a partir de su esfuerzo artístico que es lo que valora y no la pura condición indígena. El artificio utilizado en la construcción de lo real maravilloso en esta serie de fotos de Lourdes Grobet es la escenografía y el vestuario utilizados y finalmente creados por los actores. Claramente un artificio y un recurso expresivo teatral si acaso exacerbado en lo fotográfico por el uso de película infraroja. Pareciera ser que en este caso la fotografía de Lourdes se somete al discurso teatral y a la imaginación indígena y no al revés. Documentando la gira del grupo teatral en Nueva York el mundo indígena se ve descontextualizado y en conflicto en el centro de la modernidad urbana. Esta parte del trabajo anticipa al menos en forma simbólica ensayos posteriores que documentan el fenómeno de la migración indígena.
Clásico americano.
Frank Lloyd Wright consideró que la arquitectura americana (en el sentido continental y simultáneamente gringo de la palabra) había tenido su periodo clásico no en los partenones griegos y los panteones romanos sino en los observatorios y templos mayas. La civilización maya con su enigmática desaparición se prestó a dar rienda suelta a la imaginación no solo de arquitectos sino también de arqueólogos y otros hombres de ciencia que llegaron a ver en ellos a los sobrevivientes de la atlántida, las tribus perdidas de Israel y extraterrestres. A diferencia de los aztecas con su reputación de guerreros violentos y necrófilos ávidos de sangre que sacrificaban doncellas, los mayas fueron idealizados como atenienses apolínios que se dedicaban a la ciencia. Así pues surgió el renacimiento de la arquitectura maya y precolombina en general. Los exponentes mas reconocidos del neomayismo fueron los arquitectos Robert Stacy Judd y Manuel Amabilis. Judd es autor del esplendido Aztec Hotel (1925) que se encuentra en el sur de California. Existen inclusive retratos del arquitecto Judd vestido con su penacho y taparrabos. Amabilis por su parte construyó en la mismísima Mérida en Yucatán y es autor del pabellón mexicano de la primera feria iberoamericana de Sevilla (1929). Habría que mencionar también los delirios arquitectónicos precolombinos de Diego Rivera como el Anahuacalli realizado en piedra volcánica.
En 1517 los españoles llegaron al norte de la peninsula de Yucatán. La expedición dirigida por Francisco Hernandez de Córdova encontró a los mayas, un pueblo rico y civilizado que vestía elegantes ropas de colores, portaba bellas joyas de oro y vivía en ciudades donde había lujosos templos. Cinco siglos después Lourdes se dirigió a explorar esta misma región ahora tan visitada. Ante la recomendación de visitar el centro colonial o las ruinas mayas y de toparse con miles de turistas, optó por lo nuevo y la aventura, es decir por caminar al lado opuesto, el suburbio. Ahí descubrió los templos de una nueva civilización a la que bautizó: "Olmayaztec". En tiempos prehispánicos cuando una cultura conquistaba a otra, esta construía sus templos sobre los templos de la cultura conquistada preservando y aumentando en tamaño las piramides originales. De alguna forma estos pueblos suburbanos no serían la excepción. Sobre las formas y la iconografía maya se incorpora el concreto, el cristal, el acero, el léxico modernista y viceversa. La función de estos templos ha cambiado y algunos son discoteques, bares o edificios públicos, pero eso si, conservando e incorporando chacmoles, grecas, observatorios y falsos arcos mayas. Armada con una cámara de mediano formato Lourdes decidió documentar para la posteridad dichos monumentos al igual que hicieron en su momento los exploradores, arqueólogos y fotógrafos Desiré Charnay y Frederick Catherwood. Estos resultaron de alguna forma similares a aquellos que Lourdes ya conocía y que ahora son la meta del peregrinaje del turismo. De hecho algunos de ellos pretenden por mimetismo atraer a los mismos turistas. Sin embargo sus escalas, sus métodos constructivos y sus funciones son diferentes. Mezclan arquitectura funcionalista y tardomoderna con historicismos locales creando un pastiche posmoderno involuntario. El resultado fotográfico funciona de manera similar. De manera sobria y elegante, simultáneamente graciosa y divertida vemos representaciones de representaciones de la identidad nacional donde los símbolos de un pasado indígena son solo una fachada (que finalmente alberga bolas disco, burócratas, turistas o bebidas alcoholicas). Estas fotografías que cabrían en algún brochure de un parque de diversiones postnacional nos presentan un mito en todo el sentido estructuralista: una modernidad al servicio de la patria y del indígena (¿o será viceversa?).
Prometheus Unisex.
Recientemente vi la película en 16mm Looking for Mushrooms del artista y cineasta experimental Bruce Conner. Esta incluye material que filmó en México durante los años sesentas editado de manera sincopada con tomas de fuegos artificiales, desnudos y otras imágenes de colores brillantes en una narrativa incoherente con ritmo frenético que de manera muy efectiva asemeja un viaje en hongos. Existe una nueva versión de la misma con música minimalista de Terry Riley que acentúa aun mas el efecto sicodélico. Esta es tal vez la obra maestra de la romántica alucinación norteamericana del México mágico. Posteriormente estuve en el Polyforum de Siqueiros y pude confirmar que el efecto del stalinismo es aún mayor que el del ácido lisérgico y la psilocibina y puede producir malos viajes.
Ahora bien, abróchense los cinturones de seguridad y prepárense para el vértigo del alucine virtual del México posprofundo de la shamana Grobet. El Prometeo es quizás la obra maestra de José Clemente Orozco y del muralismo. Esta es una de la representaciones mas dinámicas que se han hecho dentro de la pintura. El clásico escorzo del hombre en llamas trata de despegar hacia el espacio como el personaje de los cuatro fantásticos que gritaba: "¡llamas a mí!". En la última obra de Lourdes el personaje en combustión rompe finálmente la barrera del estátismo pictórico (entre otras) y realmente despega. En una videoproyección circular diseñada para ser proyectada en una cúpula similar a la del hospicio Cabañas vemos una reinterpretación de la clásica figura en verdadera acción y movimiento. Gracias a la tecnología y el video digital ha sido posible para la antes fotógrafa darle vida a la inerte pintura como Gepeto hizo con Pinocho.
Mientras trataba de discernir que sucedía en este pieza, el "hombre" en llamas me parecía a veces mujer, haciéndome dudar de mis procesos de reconocimiento y de mi inconciente. Una mirada mas atenta me dejo ver la doble sexualidad de este personaje que realmente sintetiza a la humanidad sin reducirla a la mitad masculina que suele usurpar la representación. En este caso los múltiples órganos sexuales masculinos y femeninos no son efectos especiales generados digitalmente sino que son los rasgos físicos de Alejandra Boge. Alguna vez tuve la oportunidad de asistir a Joel Peter Witkin en un retrato de la bella Alejandra en el cuál posó desnuda portando una peluca de mi fallecida madre en un peinado que evoca a la Frida fotografiada por Cunningham. La fotografía de Witkin me parece molesta no solo por las evocaciones personales sino porque me parece simple y sensacionalista. Al presentarnos esta imagen de una Frida con falo (y un perro chihuahueño) reduce a la obviedad literal y al fenómeno la complejidad de la pulsión y del rol sexual y cultural de este seductor personaje que identifica a la mujer mexicana y artista ante el mundo. El video de Lourdes funciona de manera diferente. En este la ambigüedad sexual no tiene como finalidad subvertir, escandalizar o seducir. Finalmente el Prometeo/a no es una mujer con pene o un hombre con senos, es un símbolo. Es tal vez la versión adulta del embrión espacial con el que finaliza 2001 Odisea del Espacio de Stanley Kubrick.
El Prometeo Unisex nace y lucha contra los artificios de la humanidad en una narrativa simbólica. Los valores de producción son impecables y la estética recuerda mas a los comics y las películas de ciencia ficción que el en su mayoría sobrio mundo del arte. Al igual que la película de Conner construye su propia lógica y espacio. Sin embargo esta obra es un viaje y una pachequés única en su género si es que realmente existe tal género.
¿Conclusiones?.
Actualmente el "conceptualismo" se ha convertido en un estilo favorecido por las galerías, la academia, el mercado y la corriente principal del arte contemporaneo. Este se ha transformado en un formalismo conformista que realmente no busca cuestionar los sistemas lingüisticos ni de validación sino que al contrario depende absolutamente de ellos. No debemos olvidar los orígenes rebeldes del arte no objetual y su respuesta contra un mercado y una sociedad en crisis (desde los antecedentes dadaistas y su respuesta a la primera guerra mundial hasta el conceptualismo norteamericano de los años sesentas que respondió a la guerra de Vietnam y el conceptualismo latinoamericano que respondió al movimiento estudiantil de 1968, la revolución cubana y las dictaduras latinoamericanas). Es en este contexto que es importante revaluar y reconsiderar la producción y la trayectoria de Lourdes Grobet como artista y fotógrafa independiente.
Su obra no siempre ha sido seleccionada, editada y producida con el rigor técnico y los valores que son el standard de un mercado del cual ella no depende y al cual no le debe concesiones. Desde luego esto implica y le permite el constante riesgo y la apertura a todo tipo de consecuencias. En este sentido hay un espacio importante tanto para los éxitos y los fracasos que finalmente no pueden ser separables. Proyectos como las fotografías del teatro campesino tienen una finalidad y un funcionamiento mas que fotográfico, son un modelo de trabajo y abordan complejos temas sin resolver para la fotografía o la sociedad. Desde luego hay trabajos de Lourdes que pueden gustar mucho pero no por eso son mas importantes que aquellos difíciles de juzgar que dejan cabos sueltos y rutas abiertas. Es tal vez ahora el momento de reconsiderar y analizar los frutos (y las semillas regadas) a lo mejor caóticos de este ejercicio de libertad sin limitaciones formales pero con otro tipo de responsabilidades. El trabajo de Lourdes no cabe dentro de una pura y restringida perspectiva fotográfica como tampoco cabe ni funciona en un circuito estrictamente "artístico". Navega dentro de la alta cultura y la cultura popular sin negar un compromiso social y sin depender de el tampoco. Tomando fotografías con las patas literalmente y exponiendo en elevadores cruza las fronteras que engrapa de divisiones limitantes arbitrarias (ya sean estas geográficas, de género, de medio, etc.). El movimiento y la dislocación son constantes de su trabajo. Se anticipa a discursos posmodernos y al arte que hacemos muchos hoy en dia. Es no solo un ejemplo de placer incondicional en la búsqueda artística, lo es también de dignidad y libertad (conceptos finalmente inseparables).
Labels: arte, Lourdes Grobet, Photography


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