Thursday, July 5, 2007

¿De a Como el Bolillo?



Esta es la versión original sin editar del texto que escribí para el libro de la Panadería.

La Panadería
, Editorial Turner de México, Mexico, 2005, p. 102.

Si no mal recuerdo en 1982 fui invitado junto con el ahora cinematógrafo Emmanuel “Chivo” Lubezki a una tertulia de precoces jóvenes intelectuales que intentarían determinar el futuro de la cultura en México. La mayoría habiamos padecido la alineada y partisana educación del Centro Activo Freyre y algunos habían militado diréctamente en las juventudes del partido comunista. La cita era en casa del estudiante de cinematografía y ahora astrólogo Luis Lesúr. Christopher Dominguez leyó fragmentos de una novela que estaba escribiendo y Gabriel Orozco presentó pinturas detallistas y dibujos semiabstractos que recordaban la obra de Gabriel Macotela. Con arrogante confianza se intentaría establecer “la” nueva mafia cultural. Para esto era necesario que esta vanguardia intelectuál se vinculara al poder real. Por lo tanto invitaban y cortejaban al hijo de Miguél Gonzalez Avelár (en áquel entonces secretario de educación).

Si bien es cierto que algunos de estos ambiciosos jóvenes lograron realizar su sueño de convertirse en caciques culturales y artistas oficiales, el proyecto no resultó tan simple y previsible como se planteó. A pesar de las afiliaciones de izquierda, esta casta realmente no consideraba la posibilidad de que surgieran jóvenes artistas e intelectuales de otros círculos, regiones, contextos, posiciones o clases sociales. El plan no contaba con pintores de Oaxaca o Puebla como Germán Venegas o artistas gay de Monterrey como Julio Galán. Tampoco incluía a artistas de procedencia menos privilegiada con obra mas conceptual y específica a la ciudad de México como Adolfo Patiño o Eloy Tarcisio. Esta agenda mucho menos concebía la posibilidad de que un grupo de artistas mas jóvenes de la colonia Condesa y de escuelas privadas como el Colegio Americano tuviera el interés y la capacidad de generar un arte y una escena mas abierta, inclusiva, crítica y menos complaciente como veremos a continuación.

A diferencia de la literatura, la música y de otras expresiones culturales, las artes plásticas han funcionado de manera menos centralizada. El apoyo del estado ha coexistido con el de la iniciativa privada y el mercado. En los ochentas el Museo de Arte Contemporaneo de Televisa y las galerías privadas generaron un sistema de validación paralelo que no siempre coincidió con el del estado. Además comezaron a surgir de manera tal vez caótica una serie de espacios independientes generados por los mismos artistas con la ayuda de algunos generosos filántropos con intenciones y posibilidades de participar. Haydee Rovirosa y los hermanos Quiñones permitieron que propiedades suyas fueran utilizadas como laboratorios donde nuevos artistas experimentaban como hacer el fenómeno artístico. El experimento mas duradero y exitoso fue finalmente la panaderia en que Lázaro Okón permitió a su hijo Yoshua y a sus amigos hornear un pastel estético por lo general mas crudo que cocido.

La crítica y reacción en contra del “neomexicanismo” durante los noventas inventó un enemigo fantasma vulnerable al cuál acuso simultáneamente de folklórico y regionalista y como producto de exportación salinista. En realidad los artistas acusados fueron coleccionados casi en su totalidad locálmente. Paradójicamente es ahora que existen galerías que ni siquiera tienen local y cuyo mercado y público existe fuera del pais. Lo que se quizo entender como nacionalismo chauvinista las mas de las veces fue una crítica irónica de lo mismo y nunca existió como movimiento coherente. El colapso de un modelo de gobierno paternalista y centralizado en México junto con una apertura forzada por el multiculturalismo y la globalización primero en los Estados Unidos y luego en Europa crearon una coyuntura que obligó a artistas mexicanos a buscar espacios internacionales en donde pudieron encontrar cierta aceptación. Esta posibilidad ha situado en una posición ventajosa a quiénes tienen acceso a viajes y bilingüismo. Yoshua Okón, Miguél Calderón y Daniela Rossell son algunos de estos artistas. Su obra en vez de eludir y ocultar esta condición hace de ella el contenido ideal para reflejar su momento histórico. Instalaciones de estereos robados, barrocas fotografías de ricas rubias oxigenadas recreando en sus mansiones fantasias de chicas cosmo frente a sus sirvientas, películas de juniors disfrutando del abuso de poder desmedido, etc. Estas obras no solo deconstruyen la posición social de los artistas sino que también reflejan y generan la estética de una década donde la apertura al libre comercio y una incipiente democracia se tradujo en violencia, inseguridad y un mayor contraste social. En este sentido el trabajo de ellos se anticipa al nuevo cine mexicano y películas como Amores Perros y Tu Mama También. Su obra es específica a una ciudad y un momento histórico determinado y resulta en su crudeza universal sin pretenderlo.

El mundo del arte y la política mexicana no han sido espacios particularmente virtuosos. La mezcla de ambos ha generado conflictos de intereses y ejemplos de corrupción particulares. La una vez directora del museo de arte moderno era al mismo tiempo la crítica de arte de un periódico de oposición. Si esto no era ya suficiente problema, escribiría reseñas de las exposiciones presentadas en el mismo museo. En otro periódico, un joven crítico y artista hizo una reseña lírica y cursi de la exposición de su maestro. Esto no hubiera sido tan grave si no hubiera sido el mismo uno de los escritores del catálogo. No es de sorprendernos que su maestro lo seleccionara para representar a México en la bienal de Venecia. Dicho maestro le daría una lección de como ser juez y parte pues además de curador sería artista de la misma. Es de mencionar que la obra de ambos ha sido reconocida sin necesidad de este tipo de “favores”.

La corrupción y los mecanismos de poder han sido un tema explorado con provocativa audacia en las video acciones de Yoshua Okón donde documenta sus interacciones e intentos de soborno a la policia. En estas obras el poder económico se confronta con la autoridad de las armas y el estado generando desenlaces absurdos e imprevisibles. Utilizando los recursos y mecanismos del documentalismo y la “reality tv” se anticipó al empresario Carlos Ahumada autoretratándose en video mientras compraba a funcionarios desesperados. Estas infames transacciones recientemente fueron transmitidas por la televisión mexicana como evidencia y espectáculo sensacionalista. Políticos y artistas suelen traicionar ideales ante una desesperada necesidad de poder participar. En este caso La Panadería nos presentó un modelo simple y autogestivo para participar de manera abierta en el discurso artístico. Finalmente esta libertad de expresión básica es parte del ejercicio democrático y no esta totalmente regulada por el mercado y el poder institucional de los museos. Es un ejemplo claro de que tanto el espacio artístico como político se puede generar sin comprometerlo.

Uno como artista e individuo no es responsable de donde viene pero si de a donde va.

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